Este proyecto nació de un pequeño almacén vacío de 45 m2, al que dimos una nueva vida como espacio acogedor y sereno. Desde el inicio, el objetivo fue crear un ambiente diáfano donde cocina y salón convivieran en armonía, pensado para comidas en familia, lecturas junto a la chimenea y el disfrute de dos grandes amantes de los libros.
El reto consistía en dar sentido a un espacio sin apenas interés, manteniendo al mismo tiempo su esencia original. Potenciamos el ladrillo visto y la inclinación del techo, que se convirtieron en los protagonistas. Resaltamos la irregularidad natural de los tonos del ladrillo con iluminación indirecta y trabajamos las vigas para dar dinamismo y textura a la cubierta.
La conexión con la naturaleza y la calidez llegó a través de los materiales: madera en la carpintería a medida, porcelánico efecto piedra en el suelo, textiles naturales en tonos suaves y pintura tipo cal para la imponente campana de la cocina. Una paleta de tierras y verdes equilibró la base original con los nuevos acabados.
Otro de los rasgos característicos fue el uso de líneas orgánicas en ventanas, mobiliario y piezas decorativas. Taburetes, apliques y manillas en formas curvas aportan un plus de calma y naturalidad al conjunto.
El resultado es un espacio cálido, equilibrado y lleno de personalidad, donde cada detalle refleja la magia de la transformación.